Análisis artístico

Análisis artístico

Se trata de una talla de bulto redondo, difícil de datar (en torno al s. XII). Está realizada en madera policromada y se conserva en la ermita de Nuestra Señora de Salcedón, ermita a la que presta su nombre.

La imagen representa a la Virgen con el niño, este tipo de representaciones son muy comunes en la Edad Media y aunque al principio pretenden relegar la imagen de María como madre de Jesús (al que representan con rasgos adultos) con el tiempo le van a ir concediendo una mayor importancia a la Virgen.

En este caso, la virgen aparece sentada en un trono vestida con un traje dorado y un manto azul que sale desde su cabeza y cae cubriendo la parte derecha de su cuerpo hasta llegar a la parte frontal, creando una serie de pliegues sobre las rodillas que hacen un cierto contraste con la luz y aportan dinamismo a la imagen, contrastando con las líneas regulares y rectas del resto de la talla.

Asimismo, la Virgen tiene en la mano izquierda una flor. Normalmente las esculturas de estos siglos se suelen representar con una serie de objetos muy característicos y simbólicos. En este caso, las primeras vírgenes suelen llevar en su mano una manzana que con el tiempo pasa a ser una flor, ambas representaciones aparte de ser decorativas están cargadas de un fuerte simbolismo y aluden al Paraíso.

El niño aparece sobre la rodilla izquierda de su madre, de pie y con el rostro girado, mirándola. Tiene rasgos infantiles, aunque se trata de un niño pequeño sin llegar a ser un bebé. El hecho de que no sea representado como un niño muy pequeño se hace para remarcar la importancia de Jesús, incluso en este caso en que se le representa como a un niño, como hombre. En su mano izquierda lleva una bola del mundo mientas que la derecha aparece levantada en aptitud de bendecir, una forma muy común en las tallas de esta época. Viste un traje dorado similar al de la virgen, para no crear un contraste entre la imagen de la virgen y el niño. Este hecho de que los colores de sus ropajes sean similares podría relacionarse con un intento del autor de la talla por establecer una conexión entre la virgen y el niño, algo que se remarca también en la mirada entre la madre y su hijo o cómo el brazo de la virgen rodea el cuerpo del niño. Durante la edad Media las tallas de las vírgenes pasarán desde una imagen de María como mero trono en los que se sienta cristo, hasta concederle cada vez una mayor importancia a la virgen, que rodea con la mano o que establece una conexión con su hijo.

Por otra parte, las proporciones son tibiamente seguidas, de este modo nos encontramos con unas mano y cabeza, en el caso de la virgen, de un tamaño mayor. Este hecho no hay que relacionarlo con una falta de técnica del autor, sino que intenta realzar partes del cuerpo sobre las demás huyendo del realismo que caracterizará épocas estilísticas anteriores (arte Clásico) y posteriores (Renacimiento), aportando una importancia simbólica a las mismas. Las líneas más características son las verticales, que predominan en la talla (el brazo y mano de la virgen, el propio cuerpo del niño, las piernas de la virgen e incluso se vislumbran en los pliegues del vestido); no obstante, también tiene una marcada importancia la línea que se realiza entre la madre y el niño. Una línea inclinada que se genera con la mirada del niño hacia la madre y que se realza con la posición del brazo de Jesús.

En lo que se refiere al análisis del color, las dos figuras utilizan colores realistas en sus rasgos físicos (colores marrones para el pelo, carne rosada…) aunque cabe destacar los colores de sus vestidos puesto que utilizan para ellos el dorado y el azul. Esta elección de colores para los

ropajes y manto de la virgen son muy comunes en la Edad Media y, sobre todo, en el Renacimiento. En ambos casos se trata de colores con una gran carga simbólica, el primero está relacionado con la riqueza por su relación cromática con el oro. En el segundo caso, el azul era un color difícil de conseguir, que a menudo se obtenía con minerales procedentes de Asia Menor por lo que era un tono muy caro y exclusivo que solo se podía emplear en superficies y tallas muy especiales, como en este caso, para el manto de la Virgen. Además, cabe destacar que los colores dorado-naranja y azul son opuestos, se realzan más si se ponen juntos, esto, unido al hecho de que con la pintura se consigan detalles (como el remate que se hace en dorado en el manto de la virgen) nos empujan a pensar que el autor de la talla conocía las artes plásticas, que el tratamiento de la pintura de la talla no fue casual.

Debido a las características anteriormente citadas, esta escultura es difícil de inscribir en un estilo artístico concreto puesto que mezcla características románicas (como son la frontalidad de la composición, la talla en madera, las proporciones y el simbolismo o el propio tema de la composición); junto con otras que son propias del gótico (la simetría de la composición se rompe al estar la imagen del niño sobre la rodilla izquierda, se huye de la representación de María como trono al rodear el cuerpo de su hijo con el brazo así como el niño se representa mirando a su madre)

En la actualidad, la imagen suele ser vestida con mantos de diferentes colores, bordados, que se posan sobre su cabeza, coronas de metales preciosos y vestidos; fruto de las diferentes donaciones que los fieles han hecho durante años a esta imagen.